La planta baja está compuesta por una habitación que actualmente funciona como alcoba de huéspedes, un estar decorado con tapetes de piel de vaca y de cuero en mechas, y un gran mesón hecho con troncos al natural.

Pero la gran protagonista es la habitación principal, y en ella, el baño, discretamente integrado a este espacio por un enorme vidrio opalizado que permite a la altura de los ojos la transparencia, para que el bañista pueda disfrutar de la vista de la ciudad.

“Lo importante de la alcoba es la ducha, que tiene luz natural, que puede ser baño turco y ducha –es una especie de baño romano–, con dos salidas de agua diferentes para que, si la pareja se baña al mismo tiempo, cada uno pueda graduar el agua a la temperatura que le gusta. Y desde la habitación sólo se ven las sombras, el perfil sensual: aquí los límites entre lo privado y lo sensual se confunden”, explica Camilo Alvarado. De esta manera se cumple de nuevo el paradigma propuesto en el diseño del arquitecto de Kubik: discretas transiciones entre lo público y lo privado e integración del interior con el exterior, que es posible aprovechar incluso en los fríos bogotanos, gracias al barbecue que se enciende en las noches, que se internan en el apartamento para darle nueva vida a este lugar.

 

 

 

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