historia de GedeonEn esta historia de Gedeón el Señor gana la batalla frente a los madianitas.

Aprendemos que es mejor confiar plenamente en Dios que en nuestra propia forma de pensar por muy seguro que parezca.

 Un pueblo llamado Madián, el cual venía del oriente, penetro en la tierra prometida atravesando el río Jordán. Estos Montaban sus tiendas y acampaban en Israel; devastando los campos, tomaban las ovejas, los bueyes y los asnos de los israelitas, dejándolos sumidos en una gran pobreza.

Gedeón, se ocupaba en recoger trigo y esconderlo de los madianitas, cuando un ángel del Señor se le apareció bajo un árbol.

Le dijo:

“El Señor está contigo guerrero valiente”

 Gedeón respondió:

“Mi Señor, si Dios está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto?,

” El ángel le respondió:

“Ve y con esa fuerza que tú tienes y libra a Israel de los madianitas”

Gedeón le dijo:

“¿Con qué voy yo a libertar a Israel?, mi familia es la más débil de la tribu de Manasés y yo soy el más pequeño de la casa de mi padre”

El ángel le respondió:

“Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre”

Gedeon organizó un enorme ejército capaz de atacar a los invasores. Eran más de treinta mil los hombres que consiguió para la batalla.

Aunque, para su sorpresa, Dios le dijo:

“Llevas contigo demasiada gente; Ordena que se retiren todos los que tengan miedo”

y así fue,, Se retiraron veintidós mil y quedaron diez mil.

De nuevo Dios le dijo:

“Todavía es demasiada gente. Ahora Hazlos bajar al río para que beban agua. Los que beban el agua tomándola en su mano y lamiéndola como hacen los perros, apártalos de los que beben agua doblando la rodilla”.

Algunos bajan la cara hasta el agua misma para beberla. Otros llevan el agua a la boca en la mano, para poder notar lo que pasa alrededor.

Una vez mas Gedeon separo los hombres dijo:,

"Todos los demás que se vayan a casa” 

dejo solo los 300 hombres que habían bebido el agua tomándola con la mano.

Con ellos tenía que derrotar y expulsar de allí a miles y miles de madianitas que, asociados con otros pueblos, acampaban abajo en la llanura, con intención de provocar y dañar a los israelitas. 

 

Gedeón con sus trescientos hombres

historia de Gedeon

Dios dio instrucciones precisas a Gedeón. Le ordenó que proveyera a cada uno de los trescientos soldados de una trompeta y de unos cántaros vacíos.

A continuación le dijo:

“Baja con tu escudero al campamento y escucha lo que allí dicen porque volverás fortalecido”

Bajó Gedeón con su escudero aprovechando la penumbra de la noche y pudo oír la conversación que mantenían dos soldados madianitas.

Uno decía:

“He tenido un sueño. Un pan de cebada rodaba por nuestro campamento y chocó contra una tienda dejándola destruida”

El otro le contestó:

“Eso quiere decir que Dios ha puesto a todo el campamento bajo la espada de Gedeón”.

Gedeón subió a toda prisa alentado por las palabras que había oído y gritó a sus hombres:

“¡Arriba!, ¡Vamos, que Dios ha entregado en nuestras manos el campamento de Madián!.

Los dividió en tres escuadras de cien hombres, y les entregó una trompeta a cada uno y cántaros vacíos dentro de los cuales colocó teas encendidas, diciéndoles: “Haced todo lo que yo haga. Cuando yo toque la trompeta y la suenen los que van conmigo, las haréis sonar también vosotros fuertemente alrededor de todo el campamento madianita”

Los tres grupos de soldados se movilizaron de inmediato, repartiéndose sigilosamente por las laderas y consiguiendo rodear el campamento. Apostados, esperaban la orden de Gedeón;

En la segunda vigilia, cuando acababan de relevarse los centinelas, Gedeón hizo sonar fuertemente la trompeta al tiempo que rompía unos cuantos cántaros con lo que liberaba las teas encendidas las cuales mostraban su resplandor. Todos los de su grupo hicieron lo mismo e inmediatamente el resto de los grupos, con lo que consiguieron producir un efecto aterrador que unía el sonido de muchas trompetas, el crujir de muchos cántaros, y la repentina aparición de numerosos y desconcertantes puntos luminosos por las laderas de las montañas. Un grito igualmente aterrador que se oía resonar en la oscuridad de la noche proveniente de todas partes de las montañas.

Fue tal el desconcierto causado por esta artimaña, que los madianitas se creyeron rodeados por un poderosísimo ejército y, presas del pánico, comenzaron unos a gritar y otros a correr intentando una desesperada huida. Y en medio del revuelo, se atacaron los unos contra los otros dentro del mismo campamento.

 

Gedeón mandó aviso inmediato a las tribus de Neftalí, de Aser, y a la suya propia, de Manasés, para que esperasen a los madianitas en el río Jordán antes de que lo cruzasen en la retirada y, al día siguiente, con la luz del día, y en los sucesivos, los israelitas lograron anular definitivamente, con la ayuda de Dios, la amenaza que Madián había representado para ellos. 

 

 

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