La semilla del mal ya quedó sembrada en el corazón del hombre con el pecado original.

Adán y Eva tuvieron hijos e hijas. Dos de ellos, los primeros, fueron Caín y Abel. Caín, agricultor, y Abel, pastor de ovejas. Ambos ofrecían sacrificios a Dios. A Dios le agradaban los de Abel y le desagradaban los de Caín.

En el corazón de Caín fue naciendo la envidia hacia Abel.

En su interior oía la voz de Dios que le decía: -¿Por qué andas triste? ¡Obra bien y estarás alegre, pero si no, el pecado estará a tu puerta como una fiera al acecho!

Caín no quiso dominar sus malas inclinaciones. Y un día, estando solos en el campo, se arrojó sobre Abel y lo mató. Este primer asesinato llegó como un grito hasta el cielo.

Todos conocemos esta historia tomada del antiguo testamento, pero quizá no hemos reflexionado lo suficiente sobre cómo un padre puede ser el origen del conflicto entre sus hijos.

la historia de caín y Abel trata de lo que, se conoce como "rivalidad entre hermanos"; es decir, los celos y la competencia que existe entre hermanos y hermanas. esta rivalidad es tan natural e inevitable como el sol que nos alumbra, y tan antigua. si es escasa, puede producir un autodesarrollo saludable; en demasía, puede crear dolor y generar un comportamiento destructivo dentro de la familia.

 

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Ilustraciones

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